sábado, 10 de febrero de 2018

Las esculturas de Olot

En el tiempo que llevo dedicado a la profesión de la conservación-restauración, han pasado por mi estudio al menos cinco esculturas de las llamadas "de Olot" para ser restauradas.

Este dato podría parecer insignificante si no fuera por la comparación de estas imágenes de factura reciente, con otras de carácter histórico y en la mayor parte de las ocasiones con un elevado valor artístico, con las que conviven habitualmente en sus templos de procedencia.

Piedad de pasta de cartón madera, en la iglesia parroquial de Arcenillas (Zamora)

¿Dónde reside por lo tanto la importancia de estas imágenes?

Las esculturas "de Olot", reciben este nombre popularmente por establecerse desde finales del siglo XIX en esta población catalana una serie de talleres de fabricación en serie de las llamadas técnicamente "Esculturas de pasta de cartón madera". De entre estos talleres destacaba principalmente uno, de los pocos que aún siguen abiertos y en funcionamiento, llamado El Arte Cristiano, cuyo rastro puede seguirse fácilmente dado que sus obras poseen estampado el sello de la empresa.

Sello estampado en la pasta aún fresca, que aparece tras la eliminación de un grueso repinte en una pequeña imagen de niño Jesús.

El auge de estos talleres, que se entroncaban en la tradición iconográfica religiosa de los talleres franceses de San Sulpicio, radicaba en su capacidad de aunar la producción en serie, la economía de medios y un tipo de iconografía religiosa dulcificada que conseguía una cercanía con el fiel que quizá los modelos academicistas inmediatamente anteriores no habían sabido procurar.

En cuanto a la técnica, no se trataba de ninguna aportación nueva a los modelos de producción anteriores (puede traerse aquí a colación la reciente publicación auspiciada por la Junta de Castilla y León acerca del trabajo de yeso en moldes de los hermanos Corral de Villalpando en el siglo XVI), puesto que se trataba de obras realizadas por colada de una mezcla de yeso, cola orgánica y serrín con refuerzos internos sobre moldes flexibles a base de sustancias proteicas, que se ajustaban a su vez sobre carcasas rígidas de yeso. Una vez desmoldeadas, se policromaban y se le añadían ojos de vidrio y otros aditamentos que configurasen cada una de las representaciones iconográficas mediante sus atributos propios.

Es precisamente la fragilidad de sus materiales constituyentes (y en algunas ocasiones los errores de técnica que con el tiempo se traducen en alteraciones), así como la manipulación habitual a la que se ven sometidas dichas piezas, lo que provoca las diferentes degradaciones por las cuales se considera la posible restauración de las mismas.

Imagen de Sagrado Corazón en pleno proceso de conservación-restauración

Se trataba por lo tanto de una opción de compra relativamente económica (el precio variaba en función del tamaño y de la decoración polícroma que se le realizaba a cada imagen) y que venía a mitigar a su vez no sólo las carencias de las parroquias con escasos recursos económicos sino también ciertos periodos de expolios, bien debidos a la compra-venta de imágenes históricas, o bien debidos a los conflictos bélicos de los últimos siglos en los cuales desaparecieron otras imágenes anteriores sitas en tales templos.

Asimismo, este tipo de obras en su versión a pequeña escala fueron muy habituales en los hogares españoles, que entronizaban al Sagrado Corazón para presidir sus casas y que de manera también muy común tenían un niño Jesús en cuna o de tipo pasionario, también de esta tipología. Por lo tanto, como apunta un lector del blog a quien agradecemos su aportación, este tipo de obras tienen también una fuerte carga simbólica, afectiva y sentimental, que unen a generaciones, desde abuelas y bisabuelas, hasta hijos y nietos.

Detalle del proceso de limpieza de un niño Jesús.
Es de destacar asimismo que tales obras, si bien se realizaban a partir de moldes, en su modelado original se debieron a autores muchas veces de primera línea como a Valmitjana o al afamado Josep Llimona, colaborador en numerosas ocasiones con Antoni Gaudí en la decoración escultórica de edificios. Además, muchas de estas obras eran repasadas a mano al salir de los moldes, especialmente en las uniones de las piezas, por lo que su valor tanto a nivel artístico como estético debería ser revisado y tenido en consideración. No obstante es de considerar la desigual calidad de unas u otras piezas, debido muchas veces al deterioro de los moldes originales, lo cual va en detrimento del acabado final.


Rostro de San José de una escultura en proceso de restauración.

Estas imágenes son además las que a día de hoy reciben en multitud de ocasiones más devoción por parte de los fieles, que las cuidan y sacan en procesión puesto que son en las que reconocen a aquellos santos a quienes realmente veneran y a quienes se encomiendan y cuya vida e historia, así como la de las localidades en las que se encuentran, no podrían ya comprenderse sin la presencia muda de estas obras. Sin embargo, lo que es indudable al margen de otras consideraciones estéticas, es la aportación que hicieron al imaginario colectivo religioso de un elenco de escenas y personajes sagrados que permanecen hasta el día de hoy en las retinas de los fieles católicos.

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